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La metacognición: el redescubrimiento del conocimiento antiguo en el marketing

La metacognición: el redescubrimiento del conocimiento antiguo en el marketing

La metacognición en la conversación actual

En las últimas semanas, el concepto de metacognición ha cobrado protagonismo en diversos ámbitos como la educación, el liderazgo y la psicología. Se presenta como una habilidad fundamental, una especie de llave maestra que permite organizar otras capacidades cognitivas. Definida de manera sencilla, la metacognición es la habilidad de reflexionar sobre el propio pensamiento. Esto implica reconocer cómo razonamos, tomamos decisiones, nuestros sesgos, emociones que pueden distorsionar juicios y los límites de nuestro conocimiento. No se trata únicamente de acumular información, sino de comprender cómo se adquiere el conocimiento.

La importancia de la metacognición

Se considera una de las inteligencias más significativas porque opera a un nivel metacognitivo: regula, corrige y orienta otros procesos mentales. Un individuo puede poseer habilidades sobresalientes o ser técnicamente brillante, pero sin metacognición, puede quedar atrapado en automatismos. Esta capacidad crea una distancia reflexiva entre la persona y sus propios procesos mentales, lo que, sin duda, es una forma de poder.

Una reflexión antigua sobre el autoconocimiento

Antes de celebrar la metacognición como un nuevo descubrimiento, es pertinente cuestionar si realmente representa una novedad. Mucho antes de que el campo de la psicología cognitiva definiera estos procesos, las antiguas escuelas filosóficas consideraban el autoconocimiento fundamental en la vida humana. El famoso “conócete a ti mismo”, inscripto en el Templo de Delfos, era un principio tanto epistemológico como político: nadie puede gobernar a otros, ni a sí mismo, sin comprender el funcionamiento de su propia mente.

Cuando los antiguos griegos hablaban de psyche (alma), no se referían a algo místico en el sentido actual, sino al principio que regula el pensar, sentir y actuar. Conocerse a sí mismo implicaba analizar creencias, pasiones y errores, lo que en términos modernos se traduce en desarrollar conciencia reflexiva sobre los procesos cognitivos.

Sócrates y el método de la mayéutica

El filósofo Sócrates adoptó esta exigencia y la convirtió en método. Su mayéutica no consistía en transmitir contenidos, sino en incitar al interlocutor a reflexionar sobre su propio pensamiento, identificar contradicciones y reconocer su ignorancia. Este reconocimiento se consideraba no como una derrota, sino como el inicio del verdadero conocimiento. Así, la ignorancia consciente se tornaba un recurso fértil.

Platón y la idea de reminiscencia

Platón, discípulo de Sócrates, formuló esta intuición de manera radical en su diálogo Menón, donde sostiene que “buscar y aprender no son en realidad sino reminiscencia”. La tesis establece que el conocimiento no se adquiere completamente desde el exterior, sino que se recuerda. Aprender sería, entonces, volver consciente lo que ya estaba implícito.

Pitagóricos y el entrenamiento de la atención

La comunidad pitagórica desarrolló un enfoque más sistemático que combinaba matemáticas, ética y ejercicios de introspección. Para ellos, el conocimiento era práctico y requería un modo de vivir. Sus miembros tenían la práctica de reflexionar mentalmente sobre el día al final de este, revisando acciones y decisiones, no por culpa, sino como un entrenamiento de la atención. Esto es, desde nuestra perspectiva actual, una forma temprana y notable de metacognición aplicada.

Kahneman y la ilusión de la racionalidad

El psicólogo Daniel Kahneman aporta una confirmación moderna de estos saberes ancestrales en su obra Pensar rápido, pensar despacio. Kahneman analiza la ilusión de la racionalidad que muchas personas creen tener. Una de sus afirmaciones más impactantes es: “La confianza que las personas tienen en sus intuiticiones es una ilusión”. Esta declaración desafía gran parte del discurso contemporáneo sobre el liderazgo intuitivo y la toma de decisiones instantánea. Kahneman argumenta que muchas de nuestras certezas se originan de procesos automáticos que ocurren fuera de nuestra conciencia.

Demócrito y su teoría atómica

No se puede dejar de mencionar a Demócrito, quien, siglos antes del desarrollo de instrumentos científicos modernos, postuló que la realidad está compuesta por átomos: unidades indivisibles e invisibles que explican la complejidad del mundo. Su razonamiento filosófico acerca de la existencia de estos elementos fue una forma de indagar la naturaleza del conocimiento. Para Demócrito, el ato no solo constituía un concepto físico sino epistemológico.

Una advertencia para los líderes actuales

Es esencial entender que la metacognición no es simplemente una técnica temporal para mejorar el rendimiento, sino un requisito fundamental para un buen gobierno. Gobernar sin autoconocimiento equivale a delegar el poder en los propios prejuicios. En la actualidad, muchas corrientes contemporáneas han transformado prácticas viejas en conceptos nuevos, promulgan conciencia sin razón y decisiones sin autoexamen. Esto suele resultar en una técnica superficial y poder sin limitación personal. Los pensadores antiguos advirtieron que pensar correctamente no es natural y que solo a través de la reflexión sostenida se puede dominar la mente, validando así la afirmación de Platón: aprender es recordar.

Nada aparece de la nada, ni siquiera las ideas que pensamos haber creado.