Contexto de la disputa por la independencia de Alberta
Desde hace más de un año, las declaraciones de Donald Trump sobre la posibilidad de que Canadá se convierta en el «Estado número 51» de Estados Unidos han generado reacciones en el ámbito político. Aunque la idea de anexión parece inalcanzable, ha motivado un creciente sentimiento separatista en Alberta, una de las provincias más ricas del país, lo que ha llevado al primer ministro Mark Carney a manifestarse públicamente sobre este tema.
El movimiento separatista cobra fuerza
En Alberta, una creciente demanda por la independencia ha tomado fuerza, impulsada por un movimiento que busca convertirse en un Estado soberano. Este contexto se asemeja a lo que ocurrió con el Brexit y revive las aspiraciones independentistas de Quebec, pero con el respaldo de una base económica sólida.
Argumentos de los separatistas
- El doctor Modry, figura clave del movimiento, sostiene que la inclusión de Alberta a Canadá fue forzada en 1905, sin una consulta popular adecuada.
- Critica el financiamiento que Alberta ha proporcionado a Ottawa, argumentando que desde su ingreso a la Confederación, la provincia ha desviado aproximadamente un billón de dólares al gobierno central.
- Asegura que, a pesar de enviar anualmente unos 75.000 millones de dólares a Ottawa, la provincia solo recibe alrededor de 30.000 millones.
La brecha cultural entre provincias
Más allá de las demandas económicas, los separatistas plantean una diferencia cultural significativa. Modry enfatiza que la sociedad de Alberta prioriza los derechos individuales, mientras que el gobierno federal tiene una perspectiva colectivista que refuerza el descontento.
Además, ellos ven el respeto a la propiedad privada como fundamental, argumentando que las restricciones sobre la posesión de armas son un reflejo de un ataque a la libertad individual y la autonomía provincial.
Tensiones políticas con el gobierno federal
Las tensiones existentes se han intensificado con los comentarios de Trump, quien ha expresado su interés por la anexión de Alberta, lo que llevó a los líderes del movimiento a distanciarse de esta idea, afirmando que el objetivo es la autodeterminación, no la anexión a Estados Unidos.
Con el apoyo de grupos como Stay Free Alberta, que busca recoger firmar para promover un referéndum, el clima ha cambiado, pasando de un descontento general a una estrategia organizada. Sin embargo, existen voces críticas, como la del exlegislador Thomas Lukaszuk, quien lidera el movimiento Forever Canadian, que cuestiona la viabilidad de la secesión y los efectos negativos para la provincia.
La realidad de la independencia
A pesar del fervor del movimiento, encuestas muestran que la aceptación de la independencia es limitada, con un apoyo tangible que se desploma al considerar las repercusiones sobre pensiones y calidad de vida. Trevor Tombe, economista de la Universidad de Calgary, advierte que una Alberta independiente podría enfrentar serias dificultades económicas, calculando un déficit fiscal de 80.000 millones de dólares.
Con un clima político enrarecido, Mark Carney ha exigido que los Estados Unidos respeten la soberanía canadiense, mientras que la situación en Alberta continúa desarrollándose, sin respuestas claras sobre su futuro.
