Una Semana Santa atípica en Jerusalén
Las misas y procesiones de Semana Santa abundan, pero no en el epicentro de esta celebración: Jerusalén. En el contexto de su conflicto con Irán, las autoridades israelíes han impuesto limitaciones significativas, restringiendo las reuniones a grupos no mayores de 50 personas y cerrando completamente la Ciudad Vieja, lo que incluye el acceso al Santo Sepulcro.
Restricciones y reacciones
El lugar más sagrado del cristianismo solo permitirá la entrada a un pequeño grupo de religiosos, después de que la Policía israelí prohibiera la entrada durante el Domingo de Ramos. El patriarca latino de Jerusalén, Pierbattista Pizzaballa, se refirió a esta situación como un grave error diplomático y expresó su opinión con estas palabras: «Creo que [los agentes] subestimaron la importancia del lugar y del rito».
En un encuentro con la prensa previo a la polémica, el patriarca trató de justificar las acciones de la policía, que le impidieron a él y a otros tres clérigos ingresar al Santo Sepulcro para celebrar la primera misa del Domingo de Ramos, citando la guerra y las necesarias medidas de “seguridad” como razones.
Derechos históricos y preocupaciones de los creyentes
Pizzaballa también afirmó que las autoridades católicas de Tierra Santa no deberían requerir ningún “permiso” de Israel para acceder a su histórica «casa», donde la tradición cristiana sostiene que ocurrieron la muerte y resurrección de Jesús. «No es un privilegio, sino el reconocimiento de un derecho largamente establecido», aclaró el patriarca. Subrayó además la significación que Jerusalén tiene para miles de millones de creyentes en el mundo y la importancia de las oraciones que se realizan en los lugares sagrados.
El silencio de Jerusalén
La ausencia de actividades religiosas es notable, ya que, por primera vez, solo pueden acceder a la iglesia líderes religiosos, monjes y algunos fieles locales, y los rezos se transmiten exclusivamente a través de internet. No hay eventos en el Monte de los Olivos, se ha cancelado la Vía Crucis y no llegan peregrinos. Un escenario desolador que deja a la Ciudad Vieja sin el espíritu que la caracteriza.
Issa Kassissieh, un conocido habitante de la zona, expresa su tristeza: «Es muy triste ver así de vacía la Ciudad. Deseo que el próximo año sea mejor, que la guerra termine y haya paz en Jerusalén». Este palestino cristiano confía en que se revertirá el silencio actual, un eco de los confinamientos por la pandemia de Covid-19 y el sufrimiento causado por los conflictos recientes en Gaza y más allá.
Impacto en la comunidad local
Ghassan, otro residente del barrio cristiano y guía turístico, también refleja su inquietud: «No hay alternativa al turismo para nosotros, los guías, las tiendas de souvenirs, los restaurantes y hoteles. Nos afecta gravemente. Lo llevamos con sensibilidad porque nos duele ver a Jerusalén así». Además, critica la fuerte presencia policial alrededor de las entradas del casco antiguo que limita el acceso al lugar, aunque este franciscano pudo ingresar al Santo Sepulcro sin incidentes.
En resumen, esta ha sido la Semana Santa más atípica que ha vivido Jerusalén.
