Objetos de antaño en el olvido
El reciente video viral donde un niño intenta usar, sin éxito, un teléfono de disco ha despertado la memoria colectiva sobre costumbres y objetos que han desaparecido con el avance de la tecnología digital. Artículos como el teléfono de disco, los disquetes, los cartuchos de videojuegos y hasta los videoclubes, que solían ser comunes entre las décadas de 1970 y 2000, se han convertido en auténticos misterios para las nuevas generaciones.
La brecha generacional y rutinas pasadas
Antes, acudir a un teléfono público o hacer fila en el locutorio era parte esencial del día a día. Las limitaciones en el uso del teléfono doméstico y la dificultad de obtener nuevas líneas eran factores determinantes. La periodista Tatiana Schapiro recordó que “tener línea de teléfono te llevaba meses”, además de que realizar llamadas al extranjero requería la intervención de una operadora. Para encontrar un número, la gente recurría a las páginas amarillas.
Transformaciones en el entretenimiento
La evolución tecnológica también se hizo notar en el hogar. Según Schapiro, “el televisor a color llegó entre 1978 y 1982”, lo que marcó el inicio de una nueva era. Recuerda que era habitual subir al techo para ajustar la antena y mejorar la recepción.
Los locutorios y cibercafés eran puntos de encuentro clave en aquellas épocas. Como no todos tenían computadoras en casa, realizar tareas escolares o enviar correos electrónicos requería trasladarse a estos lugares. El acceso a Internet, además, solía generar disputas familiares por el uso de la línea telefónica y el famoso sonido de conexión. Otra institución de ese tiempo fueron los videoclubes, donde la obligación de devolver los casetes rebobinados era fundamental; “te cobraban por el trabajo de rebobinarlos”, recordó Schapiro.
Herramientas e interacciones del pasado
El disquete era una herramienta esencial antes la llegada de los USB. Schapiro compartió una anécdota sobre perder información al manejarlo incorrectamente: “Siempre tocabas mal el botoncito de abajo y decías: ‘Todo lo que hice lo perdí’”.
En el ámbito de los videojuegos, los cartuchos eran protagonistas. Soplar el cartucho para que funcionara y los intercambios de juegos alquilados eran parte de la experiencia: “Alquilabas el jueguito que todos querían y uno malo y cambiabas lo que había adentro”.
Las aulas y la forma de pagar en el pasado
Las aulas y oficinas también tenían sus propias herramientas que hoy son parte del recuerdo. Schapiro menciona la escritura con pluma y tinta, así como el papel carbónico, que era utilizado tanto en facturas como en entretenimientos infantiles. En cuanto a los pagos, se usaban las antiguas máquinas de tarjetas de crédito que “copiaban todos los datos al pasar la lengüeta”, una experiencia muy diferente a la que conocemos hoy. En ese entonces, el efectivo era lo habitual; “en la calle tenías que tener plata”, afirmó Schapiro, contrastando con la omnipresencia de pagos digitales como el Posnet o el código QR en la actualidad.
Las guías urbanas impresas como la guía Filcar y la guía T eran esenciales para navegar por la ciudad antes de la llegada de los mapas digitales.
