Una Nueva Realidad para los Jóvenes en Argentina
La economía en Argentina está experimentando un cambio significativo: un número creciente de jóvenes de entre 18 y 24 años se ven obligados a entrar en el mercado laboral debido a la disminución de los ingresos familiares. Según el último informe de la Secretaría de Trabajo, la tasa de actividad juvenil alcanzó el 53,7% en diciembre de 2025, mientras que el empleo registrado en este grupo sufrió una caída del 8,2% en un periodo de dos años. Este panorama suscita inquietudes sobre el futuro productivo y educativo del país.
El Impacto del Empleo en las Nuevas Generaciones
Matías Maito, investigador de la Universidad de Buenos Aires y director de CETyD-EIDAES, explicó que «los jóvenes son históricamente el eslabón más débil del mundo del trabajo. Cuando el empleo crece, son los últimos que entran y cuando cae, los primeros que salen». En el actual contexto, muchos jóvenes se ven empujados a unirse al mercado laboral anticipadamente, mientras el sector formal privado pierde entre 200.000 y 250.000 empleos en dos años y medio.
Empleo Juvenil: Oportunidades y Desafíos
Las estadísticas oficiales indican que, aunque la presencia juvenil en el ámbito laboral ha aumentado, la mayoría de ellos accede a empleos informales, ocasionales o de baja calidad. La tasa de desempleo entre los jóvenes se sitúa en 15,5% para mujeres y 14,6% para hombres, significativamente superior al promedio general de 7,8%. Para ser considerados desempleados, las personas deben estar buscando trabajo activamente, mientras que quienes trabajan al menos una hora a la semana son contabilizados como empleados, lo que oculta la precariedad real.
Entre 2023 y 2025, la Secretaría de Trabajo registró una caída del 1,9% en el empleo formal total, siendo el grupo de 18 a 24 años el más afectado, con un descenso del 8,2%. Las provincias como Santa Cruz y el interior del país sufren un aumento del desempleo juvenil, forzando a muchos a abandonar sus estudios.
Impacto en la Educación y el Empleo
Maito señaló que «los ingresos familiares dejan de ser suficientes, ya sea porque los padres quedan desocupados o sus ingresos son tan bajos que se vuelve necesario que los jóvenes contribuyan». Este proceso, aunque no es nuevo, se ha intensificado, haciendo que los jóvenes accedan a trabajos de baja calidad, lo que podría perjudicar su desarrollo profesional y educativo a largo plazo.
El abandono de estudios se ha convertido en una respuesta a la urgencia de contribuir económicamente en hogares golpeados por la crisis laboral. Florencia Segal, referente de la ONG Empujar, expresó que «muchos jóvenes dejan sus estudios porque necesitan salir a buscar trabajo para llenar la olla en sus casas». A pesar de que los jóvenes aún anhelan empleos formales, la calidad y número de estas oportunidades han disminuido.
La ONG reporta que apenas el 15% de quienes inician carreras universitarias logra egresar, lo que evidencia una brecha profusa entre sus expectativas y la realidad. La presión económica y la falta de apoyo dificultan el acceso a la educación, especialmente en áreas vulnerables.
Desafíos en el Mercado Laboral
En las ferias de empleo organizadas por Empujar, se ha visto que muchos jóvenes asisten acompañados por sus padres, quienes también están en busca de trabajo, reflejando una competencia adicional en un contexto complicado. Segal mencionó que «los chicos no venían solos a buscar trabajo, venían con sus padres y ellos también dejaban su currículum».
Desconexión entre Crecimiento Económico y Generación de Empleo de Calidad
El Gobierno Nacional centra sus esperanzas en sectores como energía, minería y agroindustria para mantener el crecimiento económico, aunque esos sectores generan pocos trabajos y requieren formaciones específicas no accesibles para muchos jóvenes. Maito advirtió que «el aumento de la actividad no está creando empleo de calidad. Las únicas inserciones laborales que crecen son las precarias y las informales».
La Secretaría de Trabajo también reportó el cierre de alrededor de 25.000 empresas en los últimos dos años, lo que ha contribuido a la disminución de oportunidades para los jóvenes y sus familias, limitando su movilidad social ascendente y su capacidad de conseguir empleos estables y bien remunerados.
Consecuencias a Futuro y la Necesidad de Políticas Inclusivas
La exclusión educativa y la entrada temprana al mundo laboral informal impactan negativamente en las trayectorias laborales futuras de los jóvenes. Maito enfatizó que «lo que uno posterga en la juventud en términos de formación es muy difícil de retomar más adelante». El primer empleo deficiente influye considerablemente en el desarrollo subsecuente de las carreras profesionales.
Segal también concordó en que «ese primer trabajo repercute en toda la trayectoria laboral futura», además de que la sobrecalificación es un fenómeno creciente, donde jóvenes con estudios terciarios o universitarios ocupan puestos que no requieren su nivel académico y reciben remuneraciones bajas.
Ambos especialistas subrayan la urgencia de establecer políticas públicas que integren al sector privado y a las organizaciones sociales, promoviendo oportunidades laborales y educativas equitativas y asegurando que los beneficios de una economía en crecimiento no queden limitados a una minoría, mientras la mayoría de los jóvenes se ve excluida de empleos de calidad.
