Primer contacto luego del accidente
En la estación central de Atocha, Madrid, unos segundos después de un trágico accidente ferroviario que resultó en la muerte de al menos 43 personas, se logró establecer una comunicación con el tren Alvia. Este tren colisionó frontalmente con el Iryo, el cual había descarrilado por razones que aún están siendo investigadas.
Conversación llena de tensión
Desde el centro de control intentaron contactar al maquinista del Alvia, pero no tuvieron éxito, ya que el joven de 27 años falleció instantáneamente. El primer contacto se dio con la interventora del tren, quien se encontraba en estado de shock. Durante la llamada, la mujer, que había sufrido un fuerte golpe y presentaba sangre en la cabeza, expresaba su confusión respecto a la magnitud del desastre:
-Hola, buenas. Dígame.
-Hola, buenas tardes, ¿me escuchas?
-Sí, le escucho, dígame.
-Oye, te llamo aquí de puesto de mando de Atocha. Estoy intentando llamar al maquinista y no consigo hablar con él, mira a ver si te puedes pasarle…
-Tengo un golpe en la cabeza también. Tengo sangre en la cabeza.
La comunicación continuó:
-¿Qué, perdona?
-Y no… Que yo soy la interventora y también he tenido un golpe en la cabeza. Tengo sangre en la cabeza. No sé si voy a poder llegar hasta el maquinista. Voy a hablar al maquinista.
-Vale, ¿tienes el teléfono por un casual del maquinista?
-Voy a ver si puedo ver al maquinista o llamarlo.
-Perdona, dime, dime.
-Que voy a intentar ir a la cabina.
-Vale, ¿cómo está la… ¿Cómo está? ¿Cómo está el material?
-Tengo un golpe en la cabeza con sangre.
-Sí, sí, sí, me lo has dicho.
-¿Cómo se ha quedado el tren? ¿Cómo está?
La conversación entre la interventora y el centro de control se cortó justo cuando le estaban pidiendo detalles sobre el estado del tren que había sufrido el impacto. El tren Alvia colisionó a más de 200 kilómetros por hora contra los últimos vagones del Iryo, que había descarrilado momentos antes. El violento impacto provocó que parte del tren que se dirigía de Madrid a Huelva cayera por un terraplén de casi cuatro metros. En paralelo, el centro de control mantenía comunicación con el maquinista del tren Iryo, que había descarrilado.
