Un nacimiento en circunstancias extremas
Teresa Laborde nació en 1977 en el asiento trasero de un Ford Falcon, un vehículo que se ha convertido en un símbolo del accionar represivo durante la última dictadura argentina. Su madre, en ese momento secuestrada, fue forzada a dar a luz en cautiverio durante el trayecto hacia el Pozo de Banfield, uno de los centros clandestinos de detención más notorios del conurbano bonaerense. Este brutal contexto, lejos de ser un incidente aislado, reflejaba un sistema de violencia planificado.
La elección de quedarse y resistir
Lo que distingue la historia de Teresa no es únicamente su nacimiento en tales condiciones, sino las decisiones que tomaron sus padres después. A pesar de haber sobrevivido a una experiencia tan traumática, optaron por no irse al exilio. Teresa comentó que «tenían mucho para perder, porque habían recuperado la vida». Decidieron enfrentar el miedo y reconstruir su vida en Argentina, a pesar de los riesgos que ello implicaba.
Aun con la llegada de la democracia, no hubo una inmediata sensación de seguridad. Las amenazas de represalias continuaron, y muchos de los responsables de la represión permanecieron en sus cargos. A pesar de estas circunstancias, los sobrevivientes comenzaron a dar testimonio: Adriana Calvo, madre de Teresa, fue una de las primeras en hacerlo durante el Juicio a las Juntas en 1985, donde su relato se volvió fundamental para comprender la magnitud del terrorismo de Estado.
Impacto de los testimonios en la memoria colectiva
El testimonio de Adriana, que describió con precisión el parto en cautiverio y el abandono sufrido, no lo presentó desde una perspectiva de víctima pasiva, sino con una claridad que desarma esa imagen. Además, la película Argentina 1985 ha acercado esta historia a nuevas generaciones, aunque Teresa critica que los sobrevivientes son muchas veces retratados como personas quebradas y no como luchadores.
- El impacto de su persistencia fue significativo en una sociedad que a menudo negaba lo ocurrido.
- Los testimonios, aunque limitados en difusión, comenzaron a abrir grietas en el silencio colectivo.
La pelea por la memoria y la verdad
En reflexión sobre el contexto actual, Teresa enfatizó que la historia no es sujeta a interpretación. «Esto no es una interpretación de la historia, es una falsificación», afirmó en respuesta a discursos que intentan relativizar los acontecimientos del pasado. La impunidad, según ella, no terminó con la democracia, sino que se transformó y se mantuvo en estructuras que han perdurado.
Los juicios han mostrado ciertos avances, con cientos de condenas y procesos en curso, pero muchos responsables han muerto sin ser juzgados. «Hay una impunidad biológica», destacó Teresa, aludiendo a la erosión del tiempo sobre la posibilidad de justicia plena.
La memoria como acto de resistencia
El testimonio de los sobrevivientes es clave no solo como herramienta judicial, sino también como un acto permanente de memoria. Teresa explicó que «la memoria no es solo un registro del pasado, sino una disputa en el presente». Su historia representa no solo el nacimiento en cautiverio, sino el coraje de una familia que decidió permanecer y luchar en lugar de huir. En un tiempo donde persisten discursos negacionistas, su elección de terceros sigue cobrando un significado profundo; porque gracias a aquellos que se quedaron y hablaron, hoy se conoce lo que ocurrió en lugares como el Pozo de Banfield.
