Inestabilidad en el abastecimiento de petróleo
A pesar de que los mercados petroleros han logrado cierto nivel de estabilidad, la situación se complica con más de 100 días de conflicto en el Medio Oriente y el cierre del Estrecho de Ormuz, crucial para el transporte de crudo a nivel mundial. Sin embargo, detrás de esta aparente calma surgen crecientes preocupaciones sobre el rápido agotamiento de las reservas estratégicas de petróleo que los países desarrollados están utilizando para suplir la escasez de suministro.
Acciones de los países ante la crisis
Un informe publicado por The Economist señala que, desde el inicio del conflicto bélico, el mercado ha enfrentado un déficit de aproximadamente 15 millones de barriles diarios. Para mitigar un impacto mayor en los precios, la demanda global ha tenido que ajustarse, mediante:
- Reducción del consumo.
- Aumentos temporales en la producción de algunos países.
- Utilización intensiva de reservas de emergencia.
En marzo, los 32 países miembros de la Agencia Internacional de Energía (AIE) decidieron liberar 400 millones de barriles de sus reservas estratégicas, marcando la intervención coordinada más importante en la historia del organismo. Hasta ahora, ya se ha distribuido cerca de la mitad de esa cantidad, con un ritmo excepcional de entre 2,5 y 3 millones de barriles diarios.
Japón, altamente dependiente del crudo proveniente de Medio Oriente, ha sido uno de los más activos, liberando alrededor de 90 millones de barriles, equivalentes a 50 días de consumo. Gracias a su capacidad para diversificar proveedores y aprovechar rutas alternativas de suministro, ha disminuido su dependencia del petróleo que transita por Ormuz. No obstante, las autoridades niponas han manifestado su preocupación respecto al uso continuado de estas reservas mientras el conflicto persiste.
Desafíos para Estados Unidos y Europa
La situación en Estados Unidos es más crítica, ya que sus reservas estratégicas han sufrido recortes significativos durante 2022 y 2023, al ser utilizadas para hacer frente al impacto de la invasión rusa en Ucrania. Tras las recientes liberaciones desde marzo, los niveles de inventario en EE.UU. son los más bajos desde la década de 1980, lo que ha llevado a la administración a expresar inquietud sobre su continua reducción.
Además, muchos de los barriles liberados no fueron vendidos sino prestados a empresas energéticas, que deberán reponerlos con un costo adicional en el futuro. Las limitaciones operativas en varios depósitos han dificultado también el aumento de extracción. Según estimaciones, tanto Estados Unidos como Japón podrían disminuir su liberación de petróleo al mercado, lo que podría reducir el aporte combinado de reservas estratégicas de 2,5 millones de barriles diarios a menos de 1 millón para mediados del invierno boreal.
Por otro lado, Europa también enfrenta restricciones, ya que la mayoría de sus reservas están distribuidas en instalaciones comerciales privadas y no en depósitos gubernamentales, complicando una liberación rápida. Muchos gobiernos europeos son reacios a reducir sus reservas ante la incertidumbre sobre la duración del conflicto, prefiriendo preservarlas para posibles crisis futuras.
Implicaciones del conflicto en el mercado global
Mientras tanto, China se posiciona como un factor clave para el equilibrio del mercado, al reducir sus importaciones de crudo y recurrir a sus propias reservas para mitigar el impacto de la crisis. No obstante, los analistas advierten que Pekín podría limitar su consumo de inventarios si el conflicto se extiende.
La combinación de menores liberaciones de reservas estratégicas y una demanda global que se podría recuperar genera inquietud entre los operadores energéticos. Aunque los precios del petróleo están lejos de los picos alcanzados al inicio del conflicto, la capacidad de los principales consumidores para actuar se está reduciendo rápidamente, lo que podría resultar en un nuevo aumento de precios.
Los especialistas de The Economist advierten que el verdadero riesgo no reside en una escasez inmediata de petróleo, sino en la dificultad de reconstruir los inventarios una vez finalizada la guerra. A medida que las reservas actuales se agotan, la demanda futura para reponerlas aumentará, lo que podría mantener los precios internacionales elevados incluso después de que cesen las hostilidades.
