La ansiedad de viajar nuevamente
La experiencia de volver a tomar un tren en la estación de Atocha, en Madrid, está marcada por la incertidumbre y un sinfín de supersticiones que intentan calmar la ansiedad tras una reciente tragedia. Hace poco más de diez días, un tren que partió de esta estación se vio involucrado en un devastador accidente cerca de Adamuz, que dejó un saldo trágico de 46 muertos.
El terrible choque tuvo lugar el 18 de enero, a las 19:45 horas, cuando un tren descarriló y chocó frontalmente con otro que circulaba en sentido contrario. En este contexto, la noticia del fallecimiento de Patricia, una mujer que regresaba a Huelva tras realizar un examen en Madrid, añade más dolor al ya largo luto.
Otros accidentes y su efecto
Dos días después del accidente de Adamuz, otro tren colisionó con restos de un muro de contención en Barcelona. Este incidente tuvo como víctima al joven machinjista Fernando Huerta Jiménez, de tan solo 28 años.
El ambiente en Atocha
A primera hora de la mañana, la estación de Atocha, que normalmente recibe a alrededor de 100 millones de pasajeros al año, refleja un ambiente sombrío. Las habituales multitudes y el bullicio típico de la estación han dado paso a una atmósfera de incertidumbre. El servicio de AVE hacia Andalucía se encuentra interrumpido, lo que incrementa la ansiedad de quienes esperan abordar.
El ministro de >Transporte, Óscar Puente, había prometido restablecer el servicio para el 2 de febrero, pero con el transcurso del tiempo, las noticias sobre las víctimas y la creciente presión política han hecho que esa fecha se posponga.
La experiencia del pasajero
Con un billete que dice «Coche 5 Plaza 2D», los pasajeros enfrentan una especie de ruleta rusa al decidir dónde sentarse. Algunos cuestionan la seguridad de su ubicación, recordando el caso de Emil Jonsson, uno de los que sufrieron el accidente del 18 de enero y que sobrevivió aun fracturándose varias costillas.
Revisando velocidades y retrasos
Antes del accidente, los trenes recorrían la distancia entre Madrid y Barcelona a una velocidad de 300 km/h en poco más de 150 minutos. Sin embargo, tras la tragedia, las restricciones de velocidad han transformado esta experiencia. Durante el trayecto, la supervisora anuncia que el tren llegará a las 9:53 en lugar de las 9:34, y el indicador de velocidad en la cabina muestra tan solo 79 km/h.
Rituales y tributos
Al alcanzar la estación de Sants en Barcelona, el AVE llega con más de una hora de retraso. Al salir, los viajeros ven un altar con velas en homenaje a Pablo y Fernando, los maquinistas fallecidos, con un mensaje conmovedor que resalta la probabilidad de haber sido transportados por ellos en el pasado.
El viaje de regreso a Madrid se convierte en una prueba de paciencia, con anuncios de retrasos incesantes. Finalmente, a las 2:15 de la madrugada, los pasajeros desembarcan, algunos con el ritual de tocar el andén con el pie derecho, buscando un símbolo de buena suerte en medio de la tristeza.
