Celebrando un cuarto de siglo de Gran Hermano
Este lunes se lanza una nueva temporada de Gran Hermano, titulada «Generación Dorada». Esta edición conmemora los 25 años de un programa que ha cambiado la vida de muchos concursantes. En este marco, resalta la figura de Mauricio Córdoba, quien fue subcampeón en Gran Hermano 3, transmitido entre octubre de 2002 y febrero de 2003 bajo la conducción de Soledad Silveyra.
Un contexto completamente diferente
Hace más de dos décadas, la forma de comunicarse y de participar en los programas era muy distinta. Sin redes sociales y solo con el teléfono fijo como medio de contacto, el joven Córdoba, que vivía en la localidad de Martínez, regresó a Argentina tras un viaje a Estados Unidos por la enfermedad de su madre, quien falleció de cáncer meses antes de su ingreso al reality. «Cuando salió la convocatoria para el segundo Gran Hermano, mi mamá me animó a inscribirme. Tenías que pagar dos pesos, que era el costo de dos cervezas. Al final, no me anoté en esa edición y decidí hacerlo en la siguiente, donde no había costo, solo debía llenar un formulario por teléfono», recordó. Tras varios casting, y luego de entrevistas con psicólogos, obtuvo la aprobación para participar.
De la lucha a la fama
A los cuatro años, Córdoba y su hermana sufrieron el abandono paternal. La pérdida de su madre, justo antes de su participación en el programa, constituye un hito difícil en su vida. «Retomé mi vida dentro de la casa. Me reseteé en Gran Hermano», comentó. Tras pasar las fiestas de fin de año en el programa, su estrategia lo llevó a alcanzar la final, quedando en segundo lugar tras Viviana Colmenero. Su contrato con Telefe se extendió hasta diciembre de 2003, lo que no ocurrió con otros participantes. A su salida, recibió el consejo de Juan Alberto Badía de seguir en los medios por su carisma. Sin embargo, sus aspiraciones no incluían ser un panelista de televisión, prefiriendo explorar la vida nocturna de Buenos Aires, donde su popularidad creció.
Cambios y nuevas oportunidades
El impacto de Gran Hermano llevó a Córdoba a revaluar sus metas. Si bien tuvo múltiples oportunidades en la televisión, optó por dedicarse a su verdadera pasión, el tatuaje. «Era un chico de 23 años con experiencia, pero sin la astucia de reconocer la oportunidad única que estaba frente a mí. Si me quedaba en la televisión, como me sugirió Badía, habría perdido la chance de ser tatuador, algo que realmente me hace feliz», expresó. Tras un periodo de reflexión, se postuló nuevamente para participar en esta edición de Gran Hermano.
De Gran Hermano a tatuador
Al hablar de su vida posterior al programa, Córdoba relató que su trayectoria incluye estudios en bellas artes, educación como profesor de dibujo, y una serie de trabajos en varios sectores. Desde 2011, encontró en el tatuaje una fuente de ingresos y una forma de expresión artística. «Me compré el equipo en 2011 y, de manera autodidacta, aprendí a tatuar, abriendo un local en Olivos», acotó.
Su técnica de tatuaje, enfocada en el realismo, ha atraído a numerosos jugadores de fútbol, quienes lo recomiendan entre ellos. A través de su cuenta de Instagram (@sr_puravida), ha mostrado su trabajo, en especial el hecho de que muchos deportistas buscan famosos tatuajes como leones o tigres. A pesar de la disminución de la demanda en los últimos tiempos, sigue abierto a nuevas oportunidades, incluyendo un streaming con ex participantes del reality para comentar sobre el juego de los nuevos contendientes.
