El cuestionamiento de Tomás Balmaceda
Durante una aparición en Infobae en vivo, el filósofo Tomás Balmaceda planteó una inquietante pregunta: «¿Los audios de WhatsApp nos están volviendo más tontos?» Según él, este creciente uso de los mensajes de voz refleja un cambio significativo en nuestra manera de comunicarnos. «Mandar un audio es más cómodo para quien lo envía, pero puede restar tiempo y claridad a quien lo recibe,» señaló Balmaceda.
El fenómeno global y su contexto argentino
En su diálogo con Maru Duffard, Facundo Kablan y Jimena Grandinetti, Balmaceda destacó que este fenómeno tiene una dimensión global, aunque en Argentina presenta características particulares. «Entre el 80% y el 93% de la población utiliza WhatsApp, enviando un promedio de 200 mensajes al mes,» afirmó. En comparación, Brasil lidera en este aspecto, con un 99% de su población en la plataforma.
Se estima que se envían siete mil millones de audios de WhatsApp diariamente a nivel mundial, con tres mil millones de usuarios activos en la aplicación. En Argentina, los datos son aún más sorprendentes: el uso es tan extenso que cada usuario dedica un promedio de 30 horas mensuales a la plataforma, que abarca todos los sectores sociales.
Preferencias y aversiones hacia los audios
Balmaceda observó que, en comparación con Estados Unidos, donde el iMessage de Apple es más popular, WhatsApp se ha convertido en el mensajero universal en Argentina, impulsado en parte por la cultural oral de la región. Esto se debe a que en América Latina existe una fuerte inclinación a hablar y expresar emociones.
El equipo de Infobae al Mediodía compartió sus experiencias sobre el uso de audios, reflejando diversas opiniones. Duffard admitió: “Me da mucha fiaca escuchar los audios”, mientras que Kablan dijo: “Yo mando, pero no me gusta recibir”. En tanto, Grandinetti expresó su preferencia por los mensajes escritos, especialmente para coordinar actividades.
El impacto cognitivo de los audios
Balmaceda alertó sobre las consecuencias cognitivas de esta tendencia: «Hablamos más que nunca, pero escuchar se ha vuelto más costoso». Un audio de tres minutos puede tomar mucho tiempo, y obtener información precisa se vuelve complicado. Explicó que la velocidad de la conversación es notablemente más alta que la de la escritura. «Mientras hablamos entre 150 y 180 palabras por minuto, escribimos entre 30 y 40».
Además, la introducción de audios efímeros agrega otra dimensión a la comunicación, permitiendo enviar mensajes que se autodestruyen, lo que puede ser útil pero también genera ansiedad.
El futuro de la comunicación y las nuevas generaciones
El intercambio de ideas también giró en torno a los cambios en las costumbres de las nuevas generaciones. Balmaceda notó que a los centennials no les agrada recibir llamadas, optando por mensajes en su lugar. “Llamar es visto como invasivo,” indicó, y la mesa coincidió en cómo la tecnología puede dificultar el establecimiento de relaciones presenciales.
El filósofo cerró con una recomendación: “Salvo en casos urgentes, no envíes audios. Opta por escribir.” La conversación concluyó en un tono ligero, con una invitación a repensar cómo nos comunicamos en este nuevo entorno digital.
