Un legado de historia y progreso
Hace 140 años, don Ramón J. Cárcano adquirió una porción de terreno a la Compañía de Tierras del Ferrocarril Central Argentino en un área cercana a Villa María, Córdoba, a un precio de doce pesos por cada cuadra. Este acuerdo, que debía ser pagado en cinco años sin intereses, formaba parte de las condiciones que la empresa impuso para la colonización de sus tierras, con la urgencia de financiar las obras necesarias. En ese entonces, Cárcano contaba con 26 años, habiendo vivido en Córdoba, donde ocupaba cargos como abogado y ministro de Gobierno.
En la época de su compra, también era director de Correos y había contraído matrimonio con la hermosa Ana María Sáenz de Zumarán. Su conexión con el campo se remonta a su infancia, donde visitaba las tierras familiares de los César y los Oliva. Recuerda cómo en la devastadora epidemia de cólera de 1868, su familia se trasladó al campo, buscando refugio en la estancia de su abuelo, Francisco César.
Un enfoque innovador en la agricultura
Durante su estancia, Cárcano aprendió sobre la vida en el campo, adquiriendo conocimientos tanto aciertos como errores de los paisanos que lo rodeaban. En 1890, tras la caída de Juárez Celman, se retiró a la estancia Ana María durante algunos meses antes de emprender un viaje por Europa. Durante su periplo, asistió a conferencias sobre la tuberculosis bovina en la escuela de Alfort, donde el profesor Vallée impartió valiosas enseñanzas. Posteriormente, Cárcano se convertiría en el primer individuo en introducir en el país la vacuna contra el carbunclo.
Su empeño por mejorar la hacienda fue notable y, para potenciar la venta de la raza Shorthorn, decidió cruzarla con la raza Polled Durham, reconocida por ser sin cuernos. Gracias a sus iniciativas y esfuerzos, la estancia Ana María se transformó en un modelo de establecimiento, donde Cárcano disfrutó de su legado durante seis décadas. Falleció el 2 de junio de 1946, y sus restos descansan en la capilla que mandó construir en memoria de su esposa.
Una comunidad en crecimiento
El censo de 1895 ubicó al establecimiento, donde Cárcano se declaró como agricultor. En aquel entonces, 150 personas convivían allí, incluyendo al personal de la casa como cocineros, mucamas, y hasta un mecánico para las máquinas y albañiles para las construcciones. También contaba con numerosos peones y encargados de caballerías.
En el terreno donado por Cárcano para la construcción de una estación que lleva su nombre, floreció una pequeña comunidad con comercios locales y trabajadores temporales que colaboraban en la estancia. Con el deseo de ofrecer un espacio recreativo para los trabajadores, Cárcano fundó un club social llamado “Liga contra el aburrimiento”.
Celebración del legado
Para conmemorar este importante aniversario, las bisnietas de Cárcano, Anne y Rosse Ward, han organizado una misa, un chocolate caliente, una charla, un almuerzo, un desfile de jinetes y presentaciones musicales. Además, se inaugurará una exposición documental y fotográfica que narrará la historia de la estancia. En su trayectoria política, Cárcano fue gobernador de Córdoba en dos ocasiones, siendo reconocido por haber fundado una estancia modelo en Ana María, así como por ser un »gran señor, consejero de la zona e impulsor eficaz de su progreso».
Su descendencia continúa honrando su memoria y se siente orgullosa de mantener vivo el legado de Cárcano, quien siempre reconoció: “trabajo a vuestro lado. He labrado la tierra y sufrido las crueldades de la intemperie; he buscado el agua pura en la perforación profunda; he recogido la cosecha y multiplicado el ganado; he criado a mis hijos a la sombra del árbol plantado por mi mano; he vivido y trabajado con vosotros en campos sin muros que cierren ni el paso ni la vista”.
