Conmemoración de la Jornada Mundial de los Pobres
En el marco de la décima edición de la Jornada Mundial de los Pobres, celebrada este martes, el Papa León XIV enfatizó el lema «El Señor es el refugio de los pobres» y denunció abiertamente «la corrupción que genera injusticia social y enfrenta a las personas bajo el signo del dominio y el abuso».
Mensajes del Papa y la importancia de la ayuda
Durante su intervención, el Papa Robert Prevost subrayó que «proteger al necesitado significa escucharlo, no solo hablarle, y ofrecerle la ayuda que aquellos en el poder no pueden garantizar y a menudo prefieren negar». También hizo hincapié en que reconocer a Dios implica acogerse al refugio que representa el pobre, cuya voz, a menudo, es ahogada por «tácticas solapadas».
El impacto de la tecnología en la justicia social
León XIV criticó específicamente las técnicas digitales, incluidas las herramientas de Inteligencia Artificial, que «refuerzan los prejuicios y crean cortinas de indiferencia». Hizo un llamado a considerar la creciente pérdida del sentido de la trascendencia en la vida actual, al recordar que la frase «el Señor es el refugio del pobre» alude a la histórica destrucción del templo de Jerusalén, un evento que hizo que el pueblo, despojado de la presencia divina, enfrentara una miseria tanto material como moral sin precedentes.
Desigualdades contemporáneas y la ausencia de Dios
El pontífice destacó que, aunque esta frase se refiere a un hecho del pasado, su mensaje resuena en todas las generaciones actuales, señalando una injusticia social que surge de la corrupción y que es tanto deplorable como discriminatoria. «La ausencia de Dios lleva a las personas a colocarse no lado a lado en respeto, sino unas sobre otras en un ciclo de dominio y atropello».
La voz de los pobres y el refuerzo de la unidad
León XIV alertó sobre la «lógica de prevaricación y descarte» presente en nuestra sociedad que margina y humilla a los más necesitados. En una crítica al ambiente digital, afirmó que existen múltiples técnicas que silencian el grito de justicia de quienes viven en estado de necesidad, exacerbando el prejuicio y la indiferencia hacia sus causas.
El Papa concluyó afirmando que el pedido de ayuda «no quedará sin respuesta de Dios», prometiendo restaurar la dignidad y el reconocimiento del otro como un hermano o hermana, capaces de «organizar sus propios sueños y hacer realidad la esperanza». Además, enfatizó que refugiarse en Dios es encontrar una verdadera protección, ya que lo que ofrecen aquellos en poder «no puede ser garantizado y a menudo se niega». Para el pobre, reconocer lo esencial es vital, ya que es de ello de donde se nutre. En este sentido, comparó al pobre con Jesús, quien se encuentra en la noche del abandono y la soledad, enfrentando la aflicción y la injusticia.
Finalmente, el Papa reafirmó que un intercambio mutuo de protección muestra la unidad de la Iglesia en la pobreza universal, así como el inmenso valor que cada persona tiene ante los ojos de Dios y de los demás.
