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El impacto de la muerte de Ali Larijani en la negociación con Estados Unidos

El impacto de la muerte de Ali Larijani en la negociación con Estados Unidos

Un nuevo giro en el diálogo internacional

En su oficina, Benjamín Netanyahu fue captado en una conversación telefónica donde ordenó la ejecución de Ali Larijani, un destacado pensador iraní y designado heredero del asesinado ayatolá Ali Khamenei. Este hecho ocurrió justo antes de la escalada del conflicto entre Israel y Estados Unidos contra Irán. El Gobierno israelí anunció la «eliminación» de Larijani, quien ocupaba la presidencia del Consejo Supremo de Seguridad Nacional de Irán, así como del comandante de la milicia Basij, Gholamreza Soleimani, la noche del martes, aunque la administración iraní no ha confirmado ni desmentido estos hechos hasta el momento.

La figura de Ali Larijani

Identificado como el «sha de Irán con turbante» por un intelectual iraní, Larijani combinaba una profunda erudición y una extensa trayectoria en el gobierno iraní. Su formación como filósofo y su enfoque en Kant le otorgaron un perfil poco común entre los líderes del régimen. Este pragmático conservador era conocido por su habilidad para posicionarse en las diversas corrientes del sistema político iraní sin ser objeto de purgas.

Un negociador estratégico

Mientras Estados Unidos e Irán exploraban conversaciones para poner fin al conflicto, surgió la incógnita sobre el rol de Larijani en estas negociaciones. Aunque no fue objetivo de una operación estadounidense, su muerte, en un ataque israelí calculado, elimina la posibilidad de diálogo, ya que Israel busca intensificar la confrontación.

Su carácter se describe en Haaretz como el de un intelectual capaz de realizar análisis profundos y mantener una comunicación efectiva en la complicada política iraní. Larijani había dejado una huella importante en los sucesos del país, conocido por su disposición al diálogo y la negociación, y su cruce con las potencias occidentales en su trayectoria política.

La familia Larijani

Nacido en 1957 en Nayaf, Irak, Ali Larijani provenía de una familia religiosa influyente. Su padre, el ayatolá Mirza Hashem Amoli, es considerado uno de los más respetados teólogos del shiismo. Tras la Revolución Islámica de 1979, varios familiares asumieron roles clave en el aparato estatal, consolidando el legado político de los Larijani. Ali Larijani, por su parte, fue un académico que rápidamente se integró en la política, dirigiendo medios estatales y participando activamente en cuestiones de seguridad nacional.

Momentos significativos de su carrera

Un hito notable fue su actuación durante las controversiales elecciones presidenciales de 2009. Larijani se mostró crítico ante el manejo de la crisis por parte del gobierno tras las protestas estudiantiles que denunciaron fraude electoral, consolidando así su imagen como un defensor de la legalidad dentro del régimen.

Su legado y la situación actual

A pesar de sus matices, Larijani mantuvo una leal relación con Ali Khamenei, lo que le permitió sostener una fuerte influencia dentro del gobierno. Su fallecimiento deja un vacío significativo en un momento crítico para las negociaciones internacionales. En una nota que se interpretó como su testamento, Larijani se refirió a los marineros caídos en el hundimiento por un submarino estadounidense, dejando claro que su legado se entrelaza con la historia de resistencia de la República Islámica.

Sobre Gholamreza Soleimani

En cuanto a Gholamreza Soleimani, un oficial del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria, también falleció en la misma operación. Originario de Farsan, se unió al cuerpo de seguridad en 1982, y más tarde se convirtió en comandante de la organización Basij. Tenía el mismo apellido que Qasem Soleimani, quien fue asesinado por las fuerzas estadounidenses en 2020, aunque no estaban relacionados.