Un cambio en la tendencia de la mora crediticia
Luego de diecinueve aumentos mensuales consecutivos en la tasa de mora respecto al crédito a las familias, que alcanzó un alarmante 12,8% en mayo —su nivel más elevado en más de 20 años—, el mes de junio ha registrado una pausa en este aumento. A pesar de esta estabilización, el problema de la deuda persiste, especialmente entre los créditos otorgados por entidades no financieras, incluyendo las fintech, que continúan en ascenso.
El análisis de la situación actual
Los datos provienen de un informe elaborado por la consultora 1816, el cual se basa en estadísticas proporcionadas por la Central de Deudores (Cendeu). Esta estimación privada ha sido precisa en anticipar las cifras oficiales. La desaceleración del crecimiento en la mora crediticia ya había sido pronosticada por expertos como Damián Falcone, profesor en IAE Business School, quien resalta que este indicador refleja decisiones y situaciones de pago de meses previos, lo que contribuye a que los deudores morosos sigan en el stock deteriorado durante extensos períodos.
- La mora crediticia mide la relación entre la cartera irregular y la cartera total.
- El deterioro del crédito se concentra principalmente en financiamiento sin garantía para el consumo de hogares de menor ingreso.
Así, las cifras sugieren que no se están generando nuevos morosos, dado que los bancos han restringido significativamente sus préstamos, dirigiéndolos a aquellos clientes con mayores capacidades de pago y un menor riesgo de impago. La clasificación de la mora revela disparidades entre distintos tipos de créditos: los préstamos personales muestran una irregularidad del 15,9%, las tarjetas de crédito alrededor de 13,1%, los prendarios un 7,7% y los créditos hipotecarios son los que presentan menor riesgo con solo 1,6%.
Aproximaciones a la problemática y nuevas mediciones
El Banco Central (BCRA) ha propuesto un indicador alternativo para ofrecer una visión anticipada sobre la situación: la Probabilidad de Default Estimada (PDE), que mide el porcentaje de saldo que, estando en situación regular tres meses antes, pasa a ser irregular. Dicha PDE disminuyó en abril a 2,6% para el sector privado y a 4,4% en el crédito a las familias, lo que refleja una ligera mejora.
En junio, la mora total cayó de 7,7% a 7,6%, mientras que la mora en las familias decreció de 12,8% a 12,7%. Se destaca que esta mejora no es producto de una recuperación en la prudencia bancaria, sino de un filtrado más estricto del sistema, que ha dejado fuera de acceso al crédito a alrededor de seis millones de personas por tener algún impago registrado.
Perspectivas futuras y recomendaciones
Se describe este proceso como un ciclo crediticio más selectivo, saludable y sostenible, donde el flujo hacia la morosidad se ha debilitado y el stock deteriorado ha dejado de crecer. Falcone señala que “cuando el flujo de entrada merma, el stock deja de crecer”. Si bien la cartera problemática sigue en aumento, el ritmo de crecimiento es menos intenso, indicando que el sistema está experimentando un cambio de tendencia.
Finalmente, el informe de 1816 también resalta que el stock de préstamos al sector privado se estabilizó, con un incremento del 0,3% en mayo, finalizando una racha de cuatro meses de contracción. No obstante, esta recuperación es desigual: mientras que las líneas comerciales han crecido un 1,4% y las garantizadas un 1%, el crédito al consumo ha disminuido en un 1,1%.
En conclusión, a pesar de los indicios de mejora, las restricciones al acceso al crédito siguen afectando a millones, lo que limita la demanda en los próximos trimestres. Falcone concluye que es crucial monitorear las dinámicas de entrada y depuración de crédito, ya que el ratio de mora es una instantánea de daños previos, no una medida actualizada de la realidad del sistema.
