Reflexión sobre las cadenas de la cotidianidad
El filósofo Darío Sztajnszrajber ofreció un análisis en LN+ sobre la famosa alegoría de la caverna abordada por Platón en su obra La República, sugiriendo que esta puede servir como una herramienta valiosa para comprender la construcción del sentido común y las limitaciones que enfrentamos en nuestra libertad individual.
Según Sztajnszrajber, las personas contemporáneas se encuentran atrapadas en una estructura que se asemeja a la prisión que Platón describió, donde lo que consideramos normal actúa como un sistema de cadenas. Con el tiempo, estas cadenas pierden su carácter opresivo y se integran en nuestra rutina diaria. El filósofo comentó: “Las cadenas que al principio te oprimían, te molestaban, se te vuelven parte de tu cotidianeidad”.
Normalidad y condicionamiento
Este proceso de adaptación resulta en que las ataduras se vuelven invisibles. Así, el individuo percibe como un movimiento natural lo que es, en realidad, una conducta condicionada por normas impuestas. Sztajnszrajber relacionó este fenómeno con la etimología de la palabra «normal», derivada de norma. Explicó que: “Si hay una norma, hay o imposición o consenso, pero hay poder, digamos, si hay norma. Entonces, no tiene nada que ver con lo natural”.
El académico también caracterizó al sujeto contemporáneo como el resultado de influencias externas que lo condicionan de manera constante, incluyendo factores económicos y sociales, así como los propios mecanismos del lenguaje. «Uno cree que todo empieza en el yo, pero tal vez todo termina en el yo”, reflexionó.
Impacto de la comunicación digital
El autor de Para qué sirve la filosofía y Filosofía en once frases alertó sobre los dispositivos digitales, como WhatsApp, que limitan y restringen la comunicación. “Yo lo digo medio exagerado, pero de eso se trata también la filosofía de llevar medio hasta los confines algunas discusiones. Como que el WhatsApp va delineando una forma de hablar, pero la va reduciendo y encorsetando cada vez más”, expresó el docente.
Resaltó que todos los elementos, los emoticones y las formas más directas de comunicación que surgen de estas plataformas se convierten en parte de nuestra realidad cotidiana. Según Sztajnszrajber, aunque estas herramientas facilitan el contacto, también imponen estructuras que se integran en nuestra vida normal.
Una filosofía de sospecha
Ante este panorama, el filósofo propuso la práctica de una sospecha constante como ejercicio de libertad. En este sentido, destacó: “Lo importante siempre es no dar nada por sentado ni por definitivo. Y eso es lo que a mí más me calienta de la filosofía: nunca va a estar quieta, es una práctica inquieta. Nada te cierra. Nada. Ni siquiera lo que hablas, lo que decís”.
Sztajnszrajber enfatizó que en los momentos en que uno encuentra un respiro en la filosofía, debe acercarse con escepticismo: “Porque hay algo ahí que probablemente no esté cerrando”. Para él, la libertad no representa un destino final, sino un constante proceso de liberación frente a aquello que busca aprisionar al individuo.
