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Ocho prácticas esenciales para mejorar la higiene del sueño

Ocho prácticas esenciales para mejorar la higiene del sueño

Una nueva perspectiva sobre la luz azul y el sueño

A menudo se menciona el impacto de la luz azul y los riesgos de utilizar dispositivos electrónicos antes de dormir. Sin embargo, un reciente estudio publicado en Sleep Medicine Reviews desafía esta noción, sugiriendo que la luz azul no es la única causa, ni necesariamente la principal, de las dificultades para dormir. La investigación concluye, tras analizar estudios de los últimos diez años, que su efecto en el inicio del sueño puede ser menor al que se creía, con un retraso de solo diez minutos en promedio.

Factores que afectan el sueño

Los especialistas de la Unidad del Sueño del Hospital Clínic de Barcelona afirman que la verdadera problemática podría estar relacionada más con la actividad estimulante previa a dormir y con una exposición excesiva a la luz en general, más que únicamente a la luz azul. Otros elementos como el estrés, la cafeína, la temperatura del ambiente y un entorno poco propicio son igualmente cruciales para la calidad del sueño nocturno.

El neurólogo español Álex Iranzo destaca que “dormir mal y dormir poco tiene consecuencias negativas tanto para la salud como para las relaciones familiares, sociales, conyugales y laborales”. En lo que respecta a las pantallas, los profesionales enfatizan que lo dañino no es tanto la luz azul en sí, sino el contenido visual consumido, el horario de uso y los hábitos de sueño que acompañan esta actividad.

Claves para una buena higiene del sueño

Optimizar el espacio para dormir es fundamental para promover un descanso reparador. A continuación, algunas recomendaciones orientadas a mantener una correcta higiene del sueño:

  • Mantener horarios regulares: Acostarse y levantarse a la misma hora todos los días, incluso en fines de semana, ayuda a regular el reloj biológico.
  • Incorporar actividades relajantes antes de dormir: Leer, escuchar música suave o meditar puede facilitar la transición al sueño.
  • Evitar pantallas antes de acostarse: Desconectar dispositivos electrónicos al menos una hora antes de dormir disminuye la estimulación mental y favorece la producción de melatonina.
  • Fomentar una vida activa: La práctica regular de ejercicio mejora la calidad del sueño; sin embargo, es aconsejable evitar actividad física intensa al menos tres horas antes de dormir.
  • Controlar estimulantes y cenas pesadas: Reducir el consumo de café, té, refrescos con cafeína y alimentos azucarados en la tarde-noche; así como evitar cenas abundantes que generen digestiones pesadas.
  • Acondicionar el dormitorio: Un ambiente tranquilo, oscuro y con temperatura adecuada, acompañado de un buen colchón y almohada, contribuye a un mejor descanso.
  • Regular la exposición a la luz: Aprovechar la luz natural durante el día y limitar la artificial por la noche, especialmente antes de dormir.
  • Gestionar episodios de insomnio: Si la conciliación del sueño se dificulta, es aconsejable no forzar dormir y realizar una actividad relajante hasta que surja el sueño. Consultar con un profesional si el insomnio persiste más de quince días.

Tomar en cuenta estas pautas puede ser crucial para mejorar la calidad del sueño y, en consecuencia, el bienestar general.