Una jornada histórica en París
El Papa León XIV ofreció una imponente misa al aire libre en la ciudad de París el sábado por la tarde, que atrajo a miles de fieles. Durante su recorrido por los Campos Elíseos en un papamóvil, el Papa fue recibido por una multitud que le dedicó gritos de «León» y «Jesús» en una república laica.
Un paseo conmovedor
Al avanzar por la emblemática avenida, el Papa, vestido totalmente de blanco, hizo inolvidables paradas para abrazar y bendecir a varios bebés, que eran entregados por los voluntarios detrás de las barreras de seguridad, creando momentos de ternura en esta festividad religiosa. Los Campos Elíseos se convirtieron en un mosaico de lenguas y nacionalidades, donde abuelas, padres e hijos compartieron su devoción.
Un mensaje de esperanza
El mensaje del Papa exigía esperanza y paz en un continente asolado por conflictos, desde la devastación en Ucrania por la guerra, hasta la difícil situación en Gaza. León XIV tocó a una joven enferma, regalándole una bendición y dedicando tiempo a reconfortar su difícil situación, lo que fue un símbolo de gran importancia para la comunidad católica.
La ceremonia en la Plaza de la Concordia
La ceremonia se llevó a cabo en una capilla temporal instalada en la Plaza de la Concordia, frente al hotel Crillon, donde el Papa se vistió con atavíos rituales confeccionados para la ocasión. La misa comenzó a las 3 de la tarde, con una larga procesión que incluía a obispos y sacerdotes ataviados de blanco y azul, y un ambiente de reverencia.
Homilía con un llamado a la reflexión
Durante su homilía, el Papa León XIV reflexionó sobre la «sed de Dios», enfatizando que la vida sin Dios no puede ofrecer plenitud. Llamó a los jóvenes destacando que «ustedes son la Iglesia hoy». También hizo un llamado a permanecer unidos y a buscar el verdadero amor, contrastando la búsqueda de bienestar material con una vida espiritual.
Un cierre emotivo
Al concluir su discurso, el Papa invocó a la Virgen María, pidiendo que fluyera el agua viva del Espíritu Santo entre el Pueblo de Dios. La multitud aplaudió calurosamente, mientras se iniciaba el rito de la eucaristía que incluyó a diversas comunidades.
Gratitud y despedida
El arzobispo de París, Laurent Ulrich, agradeció al Papa con cálidas palabras, lo que provocó una ovación del público. Entre lágrimas y aplausos, el Papa se despidió de su congregación mientras el sonido de Salve Regina resonaba por la plaza, marcando el cierre de una misa que será recordada como histórica.
