La despedida en el Polideportivo Gatica
La atmósfera que rodea la despedida del Indio Solari es un espacio donde la alegría se manifiesta de una manera única, especialmente en el pogo que acompaña el saxo de «Ya nadie va a escuchar tu remera». En contraste, hay un sabor amargo de tristeza que se siente en las calles adyacentes al Polideportivo José María Gatica, donde se encuentra el ataúd del icónico músico. Este polideportivo, que se ha transformado en un altar popular, está adornado con telas negras y una pantalla que simplemente dice “Indio”, así como algunos de los dibujos digitales que Solari creó en su trayectoria.
Una fila ordenada se extiende desde Villa Domínico hasta Sarandí, una espera que parece no tener fin. Al salir del polideportivo, se observa el dolor palpable: gente sentada contra las paredes y cuerpos ocultándose entre las rodillas mientras las lágrimas fluyen. Dentro del lugar, la realidad de la muerte se siente profunda, con un cajón brillante y una pantalla que reza “Indio” y “1949 – ∞”. En medio de un mar de remeras, banderas y flores, el llanto resuena con una intensidad que solo se incrementa cuando se expresan palabras como “Gracias, Indio” o “Te amo, Indio”.
La llegada de los fans
El Indio, quien falleció el pasado 5 de junio a los 77 años, sigue vivo en el corazón de sus admiradores. Dalila, de 53 años, llegó desde Santa Rosa, La Pampa, con flores blancas que estuvo lista para dejar en el altar improvisado que incluye insignias de distintas localidades como Posadas y Tucumán. Su voz, quebrada por la emoción, destaca que nadie ha expresado como él sus sentimientos.
Por otro lado, Juan Martín, de 32 años, viajó desde Paso de los Libres en automóvil con amigos y aún espera para entrar al polideportivo. A su alrededor, un ambiente festivo está presente, con vendedores de choripanes, cerveza, y recuerdos del Indio. Él menciona que es esencial que la multitud esté presente para honrarlo como en sus conciertos.
Asegurando el orden entre la multitud
A lo largo de la larga espera, se puede ver a especialistas de Defensa Civil, emergencias y bomberos asegurando que todo transcurra sin inconvenientes. A pesar de la tristeza, el ambiente está lleno de música y orden, reforzando la importancia del momento.
Gabriela y Marcos, quienes han vivieron en Catamarca durante 17 años, recordaron su primer encuentro en un concierto de Los Redondos en Mar del Plata. Ellos expresan su gratitud hacia la banda, que les brindó mucho más que música: les dio una familia. Este lazo se hace más evidente mientras comparten recuerdos en un contexto de dolor.
El legado de Solari
Las canciones de Los Redondos resuenan sin parar, en un ambiente donde el estado de ánimo de los presentes guía si se cantan o se guardan en silencio. Un famoso verso de Solari, «Hay que estar muy sonado para olvidarte», se ha dejado escrito en una pared, simbolizando el sentimiento colectivo de todos los asistentes en este día nublado, donde solo la música alivia levemente la tristeza.
