Desmonte alarmante en la región chaqueña
Tomás Camarasa, coordinador del Programa Chaco de Aves Argentinas, ha hecho un llamado de alerta en una entrevista reciente, donde destacó el desmonte de 1.800 hectáreas que está poniendo en peligro el bosque nativo chaqueño. Durante la conversación con el equipo de Infobae a las Nueve, que incluyó a Gonzalo Sánchez, Tatiana Schapiro, Ramón Indart y Cecilia Boufflet, Camarasa explicó la crítica situación en las tierras colindantes al Parque Provincial Loro Hablador, en Chaco.
Aves Argentinas ha exigido el cese inmediato de las labores de desmonte, que han continuado incluso después de que se confiscara un total de cuatro topadoras. Camarasa subrayó que estas actividades se llevan a cabo muy cerca de una de las principales áreas de conservación del provincia.
La importancia del Parque Provincial Loro Hablador
El Parque Provincial Loro Hablador, que abarca 30.750 hectáreas, se encuentra próximo a un corredor que también incluye al Parque Nacional Copo en Santiago del Estero. Camarasa describió esta área como una zona de gran fragilidad ambiental, afirmando que se trata de un bosque que puede tardar mucho tiempo en recuperarse y que además es el hábitat de diversas especies amenazadas.
Camarasa enmarcó esta problemática dentro de un proceso continuo de deforestación en la provincia y en la ecorregión del Gran Chaco. «Un día te faltan mil hectáreas aquí, otro 500 allá, y así se van acumulando los daños», comentó.
Conectividad y conservación en riesgo
El experto mencionó que la degradación ambiental no es inmediata y que la calidad ambiental de los ecosistemas está sufriendo un deterioro progresivo. También enfatizó la necesidad de mantener continuidad territorial entre los núcleos de bosque, indicando que la conectividad se está reduciendo cada vez más.
Al comparar el escenario actual con el de años anteriores, el coordinador mostró su preocupación: «Hace 10 o 15 años era impensable que la zona cercana al Parque Loro Hablador pudiera ser desmontada». Ahora, dijo, las topadoras están literalmente «en la puerta del parque», operando en zonas donde el desmonte está prohibido.
Reacciones de Aves Argentinas y acciones propuestas
Aves Argentinas ha solicitado que se detengan estas actividades y se restaure el terreno afectado. Camarasa comentó que la identificación de los responsables recae en la Dirección de Bosques provincial, que tiene la información sobre las topadoras y la propiedad de los terrenos.
La organización ha presentado una solicitud de acceso a la información pública para reunir datos sobre esta situación y exigir medidas efectivas de recomposición ambiental. «Lo más importante es que en el próximo año ese campo no sea explotado comercialmente, sino que se clausure y se restaure», insistió el coordinador.
Legislación y normativa en cuestión
Camarasa también mencionó la modificación del Ordenamiento Territorial de Bosques Nativos en 2024, que despojó a cerca de 420.000 hectáreas de su status de conservación. Esto ha permitido el desmonte de áreas que anteriormente estaban protegidas.
Criticó el enfoque normativo de la provincia y abogó por una legislación ambiental que avance hacia una mayor protección en lugar de retroceder. También recordó los principios de no regresión que deben regir, según la Ley General del Ambiente y el Acuerdo de Escazú.
Impacto socioeconómico de la deforestación
Sobre la situación económica, Camarasa rechazó la idea de que la expansión agropecuaria conlleve automáticamente un desarrollo positivo para la población chaqueña. Puso de relieve que los récords de deforestación en Chaco y Santiago del Estero no se reflejan en mejores indicadores sociales.
El coordinador cuestionó quién se beneficia realmente del desmonte, señalando que cada hectárea desmontada adquiere un valor mucho mayor que una hectárea cubierta de bosque. Las multas por infracciones en estos casos son consideradas insuficientes y rara vez se aplican adecuadamente, convirtiéndose en un costo más dentro de un plan de negocio.
Finalmente, destacó que la concentración de la propiedad de la tierra ha llevado a la reducción en la cantidad de campos familiares, aumentando así los grandes latifundios que requieren menos mano de obra. Este fenómeno también ha contribuido a la migración rural hacia las ciudades, afecta a la tierra, que tiende a desertificarse después de un período de explotación.
